miércoles, 3 de mayo de 2017

OTRA AL ZURRÓN

Tiempo hacía que no me ponía delante de las teclas para garabatear algo de mis carreritas, pero pienso que la Huelva Extrema bien merece el esfuerzo.

Lo cierto es que tras la edición del año pasado no me animé a publicar nada (algo tenía en borrador pero nunca lo rematé) y por ese motivo no llegué a agradecer en público a mi compañero Domi su capacidad de sufrimiento para alcanzar la meta de Punta Umbría a pesar de encontrarse con problemas de salud. Aunque sea con un año de retraso, lo hago ahora: ¡Gracias, Domi! Te portaste como un jabato.







Pues bien, este año afrontaba mi cuarta Extrema con algo más de confianza que el pasado. Bastantes kilómetros en las patas a estas alturas de temporada, conocer el recorrido y no tener el hándicap de haber estado un tiempo en el dique seco como el año anterior, me hacían afrontar el reto con relativo optimismo. Mi objetivo confeso: llegar a Punta con mejor tiempo que el año pasado (10:07 hicimos) y, si era posible en menos de 10 horas, mejor que mejor. Eso sí, este año en categoría individual.

Tras el madrugón de rigor toca esperar la salida con un frío de narices, más o menos por los medios del primer cajón. Se da la salida con puntualidad británica y todos pitando por el tramo de carretera. Ya por allí empiezan a pasarme infinidad de ciclistas. No quiero (¿o quizás no puedo?) apretar para engancharme a algún grupo que me lleve hasta la entrada del primer camino.

Pisamos tierra y, al contrario que el año pasado, no se forman atascos que reseñar (algún pie a tierra absurdo en la bajada sin complicaciones hacia Los Romeros, pero poca cosa). En esa bajada me pasan los primeros del cajón nº 2, los Villegas, que iban que se las pelaban. Primeros charcos y a por la subida hacia Jabugo ¡¡¿¿QUIÉN COÑO ERA EL QUE ME ESTABA AGARRANDO LA BICI POR LA ZONA AQUELLA QUE HAN REPARADO CON TIERRA, QUE NO HABÍA FORMA DE AVANZAR??!! Me siguen adelantando como si fuese yo a los mandos de un "Maclaren".


Espectacular como estaba de bonita la subida hacia El Castaño, donde se forma el único tapón del día, en la curva de la "Z", como era de esperar. Pero vamos, que no fue gran cosa y la gente, en general, se lo tomó de buen grado. Me adelantan ciclistas "a puñaos".

Con eso de ir en solitario, sin una referencia como la del loco de Domi el año pasado, pienso que las bajadas me las tomé con excesiva calma, porque en ellas también me adelantaban "cienes y cienes" de ciclistas. Además, bajando el muro de Santa Ana, de tanto frenar se calentaron las pastillas y me quedé temporalmente casi sin frenos, hasta que refrigeraron.

Por la carretera de Santa Eulalia, dos ciclistas (competían en parejas, me pareció) que estaban parados me preguntan ¡SI LLEVO UNA BOMBA! No sin antes hacerles ver que no sería mala idea del todo cargar con una bombita entre los dos para hacer una carrera de 180 km, me doy la vuelta para echarles una mano, pero en ese momento parece que le cogieron el truco a la bombona de CO2 que llevaban y me dijeron que ya no necesitaban la bomba. Pues mejor para todos.

Rampones duros hacia El Patrás, por donde definitivamente ya me pasa "El Tato" y a por el tramo complicado y duro que hay tras esa localidad, que hice bastante a gusto, aunque con algún pateo de más por ir rodeado de paquetes histéricos.

A partir de allí había pasado lo peor para mí. Abro gas por la vía verde tras Mina Concepción y subo con relativa dignidad hasta El Campillo, donde había un montón de gente animando. Parece que ya me pasan menos.



En Zalamea paro a repostar líquidos, suelto el cortavientos a mi amantísima (gracias por la colaboración en la logística) y Antoñito, el hijo de Benito, me lubrica la cadena. Gracias, amiguete. Cuando la edad te permita meterte en esta prueba vas a disfrutarla y vas a dar guerra.

No sé como lo veríais los demás, pero yo en mi opinión el terreno en la parte inicial (hasta El Patrás, más o menos) estaba bastante practicable, mejor que el año pasado, pero a partir de ahí se ponía mucho más pesado, con barro y charcos continuos que hacían difícil mantener un ritmo.

Igual que el año pasado, me pareció espectacular el tramo que lleva de Zalamea hasta el puente sobre el Odiel. Este año, más si cabe, con la nueva zona de senderos y caminos que sustituía la bajada por carretera. Ya por esa zona se invierten las tornas y empiezo a recuperar algunas de las pegatinas que me había quitado el personal en los tramos anteriores. Disfruto (eso es fácil escribirlo hoy) de la subida a Almagrera, salvo el coñazo de los dos pateos por los derrumbes que había.

Rodeo de Calañas y a enfilar la pista que busca Las Cruces. Viento fuertecillo en contra y toca apretar los dientes para ir recuperando posiciones, cosa que voy haciendo con relativa facilidad. Ya cerca de Las Cruces, donde tenía prevista mi segunda parada en "boxes", veo delante un grupo de ciclistas muy numeroso (unos 20, diría yo). Aprieto para tratar de sobrepasarlos antes de llegar al pueblo, para evitarme la aglomeración que se podría formar, pero sólo consigo atrapar a algunos rezagados del grupo.

Total, que el avituallamiento de Las Cruces estaba más atestado que el "Primark" del "Holea" en un día festivo en Sevilla. Aquello era un hormiguero de ciclistas y bicicletas. Por ello, miro mis botes, a media carga en ese momento, calculo lo que queda hasta San Bartolomé y decido cambiar sobre la marcha de estrategia: en lugar de ir a tres paradas, iría a dos. Con un par.



Tras los duros repechos anteriores a la carretera Tharsis-Las Cruces (se atragantan de verdad) vuelvo a poner un ritmo sabrosón en una zona que me va bastante bien y con el que sigo adelantando a bastantes ciclistas, peroooo... conforme me voy acercando a San Bartolomé me voy dando cuenta de que lo de no parar en Las Cruces no ha sido buena idea y voy entrando en el único episodio de crísis del día. Tengo que hacer acopio de fuerza mental y tratar de gestionar los primeros amagos de calambres para llegar hasta el avituallamiento, mientras que algunos de los que instantes antes había dejado por detrás me volvían a alcanzar.

Pero siempre que ha llovido ha escampado y al entrar en San Bartolomé veo la luz en forma de jarra helada de cerveza que me ofrece el amiguete Dani, bartolino y compañero de curro. Lo cierto es que se trataba de una deuda que tenía desde hacía un año y de la que di buena cuenta en un abrir y cerrar de ojos.



Besos y abrazos a los amiguetes que había por allí (Churrero, Bocina, Kike, Pepito...) y a por un bocata en el avituallamiento. Repongo líquidos, aceitito para la cadena y con cuerpo y alma reconstituidos pongo de nuevo el motor en marcha para acometer la última tirada.

De nuevo a ritmo vivo, voy rebasando a un buen número de ciclistas, ya bastante tostados. Por la pista colorada, uno de los que alcanzo se me pone a rueda, un tipo con buena planta y en edad de merecer. Con él enganchado al culo voy atravesando la pista colorada, el canal y nuestros queridos pinos. Mi única preocupación era tratar de evitar que los amagos se materializasen en calambres, cosa que, afortunadamente, conseguí, aunque a costa de no apretar todo lo que hubiese deseado en algunos tramos. No obstante, hice muy buen tiempo en el último sector.

Cuando quedan unos 5 km miro el reloj y veo que voy en tiempo de lograr el objetivo de entrar en menos de 10 h, por lo que aprieto los dientes hasta meta en la que entro radiante de felicidad y en un tiempo de algo menos de 9:55. Eso sí, con el fornido muchachote adherido a mi culo. Se ve que le agradó, hay gustos para todo. Nos saludamos todos los que entramos a la vez en meta menos... en efecto, amiguetes, el muchachote de buena planta, que no se dignó a decir ni mu y se marchó muy ufano tras haber logrado el que parecía su objetivo en la carrera: aguantarle la rueda a un viejo, obeso y medio acabado durante 30 km. Enhorabuena, majete.



En fin, una Extrema más al zurrón habiendo disfrutado de un espectacular recorrido por nuestra provincia. Bueno, esta es la típica gilipollez que se dice cuando se te van olvidando las fatiguitas negras que has pasado para arrastrar la bici desde Almonaster hasta Punta Umbría. Si te preguntan cuando vas subiendo la cuesta de la depuradora de San Bartolomé, habría que ser muy masoquista par decir con una sonrisa en los labios: "pues ya ves, aquí, disfrutando".

Gracias a la organización por el espectacular diseño del trazado, sevicios, atenciones, correcciones de última hora... Tenemos en Huelva una prueba de muchos quilates. Lástima que sea tan caríiiiiisima la inscripción. Y es que después sólo te dan avituallamientos perfectos, cronometraje por chip, retransmisión en "estrimin" de ese, 3 barritas, 3 geles, un maillot, varias revistas, medalla, caja de fresas, comida, fisioterapia, lavado de bicis... En fin, un atraco a mano armada.

Gracias también a todos los que habéis estado animando durante el trayecto (algunos demostrando que poseen el don de la ubicuidad). Eso da sentido al esfuerzo de los que nos metemos en estos follones sin otro objetivo que llegar a meta lo más decentemente posible.

Gracias a Pepa por su inestimable colaboración. Aunque en el fondo sé que acabaré pagando de la manera que menos me espere el madrugón que se tuvo que pegar para traerse el coche de vuelta desde Almonaster.

Enhorabuena a los vencedores y a todos los que han superado su reto personal (en especial a mis compañeros Paco, Nacho y Jose y al amiguete Benito). Y a los que no... pues a entrenar más y en la próxima será.

En fin, que el año que viene, más y ¿mejor? Espero poder estar presente en la 6ª edición de nuestra Extrema.

Mi primo el oscurito ya se ha colgado otra medalla.




PD. 1: Benito, en Zalamea me llevabas 25 min, en meta me sacas 7:30 "maomeno". ¡EL AÑO QUE VIENE QUIERO UNA EXTREMA CON 50 km MÁS, A VER SI TE PILLO!

PD. 2: pues hacía tiempo que no escribía por aquí, pero me he despachado a gusto.