No tiene mucho que ver con la actualidad, ya que se trata de algo escrito al acabar una temporada competitiva de BTT (creo recordar que la 2.009) y ahora andamos en todo lo contrario, velando armas para la que se nos viene encima. Ese año fue especialmente intenso y supongo que fue el acabar hasta las narices de bici (al menos en su versión más estresante) lo que me llevó a escribir estas líneas.
De nuevo pido disculpas a los lectores no locales (si es que los hay) por la referencia a lugares concretos de la geografía onubense cuya visita, por otra parte, recomiendo encarecidamente.
La foto, como casi siempre, robada del hiperespacio, no he podido contrastar su autoría para citarla.
La foto, como casi siempre, robada del hiperespacio, no he podido contrastar su autoría para citarla.
El domingo, tras haber concluido
en Cartaya una agotadora temporada de BTT, tenía un mono de “flaca” que ni os
cuento. Tras levantarme sin muchas prisas decidí marcarme en solitario una
“vuelta a Cartaya” (últimamente parece que si no voy a ese pueblo no he cogido
la bici, coño) a ritmo absolutamente TRANQUILO y con parada para desayunar relajadamente.
Pues bien, no os podéis ni
imaginar la de cosas que descubrí, os cuento:
Resulta que unos pocos de metros
después de la cuesta de “Los Alacranes”, a la derecha, ¡hay un circuito de
“karts”!. Hasta el domingo lo único que había podido percibir desde unos ojos
nublados por el esfuerzo de tratar de seguir los palos de algún “cabrezno” o de
apretar el ritmo para tratar de evitar arreones, había sido el negro de la
carretera o el culo del que me precedía, más o menos a lo lejos.
Tampoco os lo vais a creer: la
cuesta del “Catapúm” ¡se puede subir a menos de 33 km/h y sin superar las 180
pulsaciones! Y cuando se llega arriba hay una vista bien bonita a la derecha,
con infinidad de barquitos, la flecha del Rompido, los pinos… En fin, una
monada.
Siguiendo el camino, descubrí que
la recta de Punta Umbría tiene a los lados unos preciosos pinares por los que
va gente paseando plácidamente tanto en bicicleta como a pie.
Ya cerca de Huelva, antes de que
el carril bici cruce la carretera del espigón, os juro por estas que hay unas
salinas y unos caños entre marismas con un montón de pajaritos de especies
diversas… lo deben de haber puesto recientemente; mira que estoy harto de pasar
por allí pero, más allá del manillar y del verde del carril no he visto nunca
gran cosa.
Total, que así pienso seguir
durante un tiempo, disfrutando de la bici sin sofocones y “reseteando” la
cabeza y las patas de cara al año próximo, que ya se verá cómo viene. Eso sí,
espero hacerlo en compañía de los amiguetes de este mundillo y terminando como
debe de ser, acodado en una barra y contando batallitas mientras se trasiegan
unas buenas rubias.
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