martes, 7 de mayo de 2019

¡SUERTE Y NO “CAERSE”!(1)


Pues últimamente no utilizo mucho esta frase, que vengo repitiendo desde hace años en las salidas de todas las pruebas en las que participo y con la que trato de transmitir mis mejores deseos a todos los que se cuelgan un dorsal en el manillar (incluidos mis más acérrimos rivales, mis compañeros de club). Será la vejez, la falta de forma, el no tener objetivos claros, o lo que sea, pero cada vez encuentro menos motivación para acudir a pruebas de BTT. Este año, hasta el momento, sólo me había metido en el maratón de Aznalcóllar.

Pero la Huelva Extrema sigue siendo algo diferente: desde su creación ha sido cita inexcusable (salvo en 2015, cuando me la perdí por enfermedad) y este año no iba a ser menos, había que estar en la salida. La temporada no iba mal de km en las patas y había hecho las cosas medianamente bien, pero estoy claramente pasado de tara, con lo que sabía que tocaba pasarlo mal en las subidas extremas.

El sábado, madrugón de los que castigan el cuerpo y para Higuera, con los depósitos hasta las trancas de macarrones, como mandan los cánones. En la salida nos juntamos en el primer cajón un buen ramillete de eslabones (faltaba un par de desertores...), lo que hizo la espera bastante amena.

Buena manada de monos, incluyendo el último.
Empieza la prueba con puntualidad y a dar pedales, que queda un largo día por delante. Por cierto, una cosita: si se supone que la filosofía de la HUEX es atravesar la provincia de norte a sur ¡¡¡¿¿¿Por qué coño salimos hacia el norte???!!! ¿Hay necesidad de bajar al pantano de Aracena para meternos después entre pecho y espalda las subidas a Puerto Moral, Puerto Gil y Aracena? Pues se ve que sí, que este no es país para gordos. Pues a sufrir se ha dicho, que a eso hemos venido.

Mis primeros km en las duras subidas serranas se resumen fácilmente: decenas de ciclistas pidiéndome paso y adelantándome por todos lados. Me sentía lo más parecido a una rotonda, con todo ese tráfico rodado a mi alrededor. Al menos me llevé la satisfacción de pasar montado por alguna zona donde había infinidad de gente pateando.

Otro ciclista-rotonda

Por la zona de Fuente del Rey se formó un tapón importante, que nos tuvo parados unos 7 minutos, pero bueno, ¿qué son 7 minutos en la inmensidad de una Extrema?

Alivio al llegar al río Odiel cuando veo que este año nos ahorran el baño matinal y se atraviesa de manera civilizada, por el puente. Y así, sin más novedades y con menos gente pasándome (evidente, quedaba menos personal por detrás), llego a Campofrío, donde tenía prevista mi primera parada. Una cosita rápida, reponer líquidos, lubricar, un par de bocados de fruta y a seguir, que hay tajo. Gracias, Ángel, por tu ofrecimiento de ayuda logística.

La subida tras pasar por el pantano se hace durísima y, tras ella y la de Los Ermitaños, doy una lección de técnica en la bajadilla al muro del embalse de Tumbanales, donde pateaba todo el mundo (¡que no era para tanto, hombres de Dios!). En la antigua vía de tren un “quad” de asistencia se queda bloqueado en los dos pasos malos que había y el piloto pasó las de Caín para sacarlo de allí. Dos nuevos parones no previstos.

Paso por Nerva sin parar y con un tiempo (según SPORTMANIACS) de cinco horas y tres minutos, casi calcado al del año pasado y en el puesto 472º. Parecía que, más o menos, había salvado los muebles en mi peor tramo. Eso sí, en el paso a ciegas del tubo bajo la carretera (se ve que la organización debía alguna factura a ENDESA) estoy a punto de partirme los piños, pero salvé la situación por los pelos.

Bueno, pues tocaba cambiar el “chip” y empezar a apretar un poco, sin volverse loco pero tratando de recuperar tiempo y posiciones.

Tras el paso por la zona de Zarandas, con algún escalón peligrosillo, pongo un ritmito sabrosón que me permite ir pasando a bastantes ciclistas (es cierto que muchos eran de la corta, pero también lo es que ellos iban frescos cual rosa fresca).


¡Chu cuchuuuuu!

Antes de llegar al Cachán veo al amiguete Pedro empujando la bici penosamente. Tras pasarlo le pregunto si necesita algo y me dice que una cámara, que ya ha tenido que usar la suya y fracasado con otra con más agujeros que un canasto que le había cedido amablemente Mario Cerdán. Con cierto reparo, le dejo mi única cámara y arranco de nuevo, algo acojonadete ante la posibilidad de un pinchazo. Al menos llevaba mechas, pero con mi poca destreza en su uso, eso no era demasiado tranquilizador.

Parada en el avituallamiento de Berrocal donde los amiguetes del Nuevo Molino y Juanlu me tratan a cuerpo de rey, lubricándome la bici, dándome un “sandwich” reconstituyente, bebidas… Gracias por todo. En fin, que con el cuerpo medio metido en caja, afronto el temible bloque Peñas Blancas-Manzanito.

En la subida a Peñas Blancas, siempre tratando de dosificar, me encuentro razonablemente bien y continúo remontando puestos. Tenía muy malos recuerdos de pasos anteriores por esa subida pero esta vez, tomándomela con filosofía, no lo pasé tan mal.

En el repecho de 600-700 m (durillo, pero que no se come a nadie) que hay entre Peñas Blancas y La Revuelta del Risco, tres ciclistas de la ruta corta iban pateando, empujando fatigosamente la bici. Uno de ellos, una chica, preguntó si quedaba mucho para coronar el Manzanito. Se me rompió el corazón al tener que responderle que aquello todavía no era el Manzanito, que aún tenía que acabar esa cuestecilla y bajar para afrontarlo. Me da a mi que la denominación de “Cicloturista” para la ruta corta puede haber llevado a más de uno a engaño.

Pues bueno, Manzanito “parriba” y, más o menos, como en Peñas Blancas: sin tirar cohetes pero remontando poco a poco. En el paso por el control había recuperado 56 posiciones respecto a Nerva. No está mal en ese tramo para un “culogordorodador”.

En el avituallamiento, de nuevo recibo inmerecidas atenciones. En este caso es Pepe el taxista quien me lubrica con esmero la bicicleta mientras yo me metía en el cuerpo todo lo que me cabía, sólido y líquido, incluídos dos cachitos de “sandwich” que había acarreado en el bolsillo desde la salida hasta allí. Muchas gracias por el favor, Pepe.

Tras el descenso, tramo nuevo (bueno, lo conocía del maratón de Villarrasa del año pasado) con bastante “peluseo”. Por allí me alcanza Pedro y me devuelve una cámara que se había agenciado, lo que me hace ir menos estresado. En general el terreno pica hacia abajo, pero con zonas lentas y repechos que iban desgastando las fuerzas, hasta girar al oeste frente al puente sobre el Tinto a la altura de Villarrasa. Ahí, en terreno más rodador y con viento favorable marcho a muy buen ritmo, rebasando a ciclistas tanto de la corta como de la larga.

Bonita travesía por Niebla, paso del antiguo puente férreo (buen trabajo para adecentarlo) y a por Bonares, donde paré de nuevo a reponer líquidos y comer un plátano (no era plan de esperar a que los montaditos de lomo saliesen de la plancha, que había prisa). Me daban algo de respeto las subidas de Bonares y Lucena con tantos km en las patas, pero las aguanté con dignidad, aunque ya con algunos amagos de calambres que conseguí que no se materializaran. En Bonares había recuperado otros 77 puestos respecto a la posición de El Manzanito. La experiencia es un grado.

Tras un par de tragos de “cocacola” en Lucena me encamino hacia el último tramo. Por las pistas entre invernaderos empiezo a notar buenas sensaciones, con un ritmo muy superior a todo lo que se meneaba alrededor. Tan solo el amiguete Pedro se me enganchó a rueda, pero se detuvo en el último avituallamiento a reponer líquidos. Yo le dije que levantaría el pie para que pudiese engancharse de nuevo pero… mentira cochina: tras aflojar un momentito, en cuanto vi a un par de ciclistas en lontananza, me volví a envenenar y arranqué de nuevo la moto, ya hasta meta, en la que entré con una inmensa satisfacción, con casi 1h menos que el año pasado (la menor distancia y mejores condiciones meteorológicas se han notado). Desde Bonares hasta meta remonté otros 42 puestos, para un total de 175 desde Nerva. Lo dicho, lo de la experiencia (y que no ando un peo para arriba, claro).

En fin que otra Extrema en el cuerpo y a mi primo cada vez le pesa más el pescuezo.

¡Cómo disfruta el chiquillo con sus medallas!

La organización, excelente, sin ningún defecto importante que reseñar y con una zona de llegada algo más cómoda que la del año pasado. A seguir en la brecha.

Enhorabuena a todos mis compañeros del Eslabón Perdido, que completaron todos ellos la prueba con grandes tiempos. Especial mención para nuestro Víctor el portugués, que subió al 2º escalón del cajón en su categoría (M-60). Grande. Y muchos ánimos para el compañero Mario que, con cuatro costillas rotas desde Nerva acabó la prueba marcándose un tiempazo. A recuperarse bien y pronto. 

Y para el año que viene pues… ya veremos, partido a partido. Habrá que ver lo que propone la organización y, si es motivador, volver a liarse la manta a la cabeza para hacer, al menos, algo que sé hacer bien: bulto.

Mil gracias a todos los que me animasteis por los caminos. En infinidad de lugares oí, de caras conocidas y otras que no identifiqué, darme ánimos por mi nombre… y eso tiene su mérito, dada la mala rima que tiene mi apelativo (2) en este mundillo de la bici.

Pues bueno, ha salido la cosa bastante “tocha” y quizá un pelín aburrida. Pero el que quiera crónicas divertidas, ya tiene las del amiguete Mario (¿el de las costillas? no, el del poco pelo) http://mariocerdan.blogspot.com/2019/04/huelva-extrema-2019-y-elecciones.html, un “crack” que, sin entrenar, fue todo el tramo de la Sierra dando vueltas alrededor de la rotonda.


(1) Para los pijoteros, los nacidos al norte de Despeñaperros y profesores de lengua: ya sé que gramaticalmente esta frase es incorrecta, por eso entrecomillo, pero es la forma coloquial de usar el imperativo por aquí, al sur del sur.

(2) “Jota”, para servir a usted.

lunes, 16 de abril de 2018

OTRA VUELTA DE TUERCA


¡Si es que no se puede ser tan "bocachancla"! Despedía mi crónica de la pasada Huelva Extrema (otra-al-zurron.html) pidiendo más km para pillar a Benito ¡QUE ERA COÑAAAA, JODERRR! Pues no que van los de la organización y me hacen caso, planteando para 2018 el recorrido más exigente y largo de las seis ediciones de la prueba.

Este año llegaba a la cita cortísimo de preparación (por viajes, días de lluvia, otros enredos y cierta falta de ganas) y larguísimo de arrobas.

Véase la pequeña arruguita que me hace el "maillot" por la parte de los abdominales.

Pocas salidas he hecho este año de más de tres horas y casi nada de cuestas, salvo una incursión por terreno valverdeño, una rutita serrana de 36 km y el Maratón de Villarrasa. Para colmo, en el maratón de Valverde, prueba que debería haberme servido como referencia para la Extrema (incluso para decidir si renunciaba a ella), la mecánica sólo me dejó rodar 12 ó 13 km en lo que supuso mi primera retirada en una prueba de bicicleta, dejándome sin saber si estaba mínimamente en condiciones de afrontar el reto que suponía la prueba reina onubense.

Estos factores, unidos a la vuelta (o vuelta y media) de tuerca que suponía el nuevo trazado, hacían que lo más sensato por mi parte fuese dedicar el 14 de abril a arreglar el trastero o a ir a comprar pescado a la plaza. Pero ya se sabe, la juventud es inconsciente. Con ese panorama, decido tirar para adelante y echarle narices al asunto sin tener nada claro que pudiese superar el reto.

Y es que los puntos de corte intermedios eran muy exigentes para la "clase baja" del pelotón de la que ya me considero miembro de pleno derecho. No obstante, metiendo los datos en mi simulador de carrera (lo tengo pendiente de patente) se atisbaba algún rayito de esperanza. Sin problemas mecánicos y sin explosiones pirotécnicas, cabía alguna posibilidad de alcanzar el punto de corte de Paterna (el más exigente) a tiempo. Sin demasiada holgura, pero se podía llegar antes de la hora de cierre.

Con estas me planté en la salida de Higuera de la Sierra, sabiendo que no podía cometer el más mínimo error y que tendría que suplir con cabeza la falta de piernas. Arranca la cosa y a los pocos km, antes de abandonar el asfalto, me encuentro, por momentos, a cola de los que salimos en el primer cajón (tampoco era muy significativo, ya que los M-50 salimos al fondo de ese cajón). La salida estuvo bastante bien planteada, de modo que no se formó ningún tapón en los km iniciales.

Antes de iniciar la primera subida dura hacia Puerto Gil me quito los papeles que llevaba bajo el "maillot" a modo de cortavientos (¡Viva el ciclismo rancio!) y se los doy a un par de voluntarios que amablemente los recogieron para tirarlos en un lugar adecuado. A esas alturas de carrera me dolía el cuello de mirar a un lado y a otro a los que me adelantaban tras haber salido desde los cajones 2 y 3. Saludo a los conocidos y a lo mío, que queda mucho.

Tras pasar Corteconcepción, en el camino de la Fuente del Rey, se forman los únicos tapones del día, el primero de ellos por una subidilla técnica y el segundo por culpa de un "quad" que se emborricó en pasar por donde no cabía, con el consiguiente cabreo del personal.


No había tanto barro, pero de luces iban parecidos.

Por esa zona voy a ratos charlando con Clara, que iba haciendo la prueba con Duque. Muy bonito el camino entre Aracena y Linares y a por la segunda dificultad seria del día, la subida de La Umbría. Dura de verdad, pero con una pendiente constante que no se me dio mal del todo.

Tras otra subida y una rápida bajada se avistaba en lontananza un panorama desolador: como decía el Chinasky, lo más parecido a las manadas de ñus (o ñues, o "ñuses") cruzando los ríos del Serengueti. Sólo faltaban los cocodrilos (¡coño! ¿para qué lo he dicho? verás como los de la organización leen esto y los ponen el año que viene).

¡Las vacas del pueblo ya se han "escapao"!

Todo el pelotón con la bici al hombro vadeando el río Odiel cuando, unos 300 m aguas arriba había un puente la mar de apañado (después me diría Rafa Íñigo que estaba en una finca privada que no había permitido el acceso). A mí me llegó el agua por la mitad de los culotes pero no podía reprimir una media sonrisa malévola al pensar que Clara tendría que pasar unos instantes después.

Bueno, mi sonrisa no fue tan malvada.

Tras otra serie de duras subidas, llego a Campofrío, donde tenía planificada mi primera parada. Repongo líquidos sin perder tiempo y arreando. Hasta allí el terreno había estado casi perfecto, sin mucho barro ni grandes charcos, pero nada más salir de Campofrío el panorama cambiaría radicalmente, con un primer lodazal en subida que marcaría la tónica del resto del recorrido. El barro y el terreno pesado incrementaron notablemente la dureza del trazado.


Muchos pateaban

Llegando a Nerva alguien comenta (yo no había querido mirar el reloj) que íbamos como media hora por debajo del corte, lo que suponía ir ligeramente peor de lo que había estimado para llegar a tiempo a Paterna. Me salto este avituallamiento, según lo planificado, y a tratar de marcar un buen ritmo por toda la zona minera y el trazado junto a la vía.

A continuación, durísimas las primeras rampas hacia Berrocal tras el Puente del Cachán y llegada al pueblo (tras rebasarme por la carretera el amiguete Trufero) donde repongo líquidos de nuevo. Salida en bajada por el empedrado y a por el tramo más lento del recorrido: las seis pasadas, seis, del Barranco de la Higuera. La organización había pensado evitar ese tramo si la rivera llevaba mucho caudal. Por lo visto, una corriente capaz de arrastrar a un ciclista adulto que se ha pedido el "maillot" de la Extrema en la talla 3XL no se considera mucho caudal. Pues bueno. Pues vale. Eso sí, no pude evitar volver a sonreír malignamente...




Tras el último de los vadeos, donde un voluntario ayudaba a sacar las bicis del cauce, estaba viendo la prueba con la familia mi compañero de fatigas de hace dos ediciones, Domi, y con él, su hermano Paco que la estaba disputando y había parado a saludar.


¿Quién me presta una escalera?

Junto a Paco haría toda la Cuesta del Carril y los repechos posteriores hasta las Casas de Alacaba (La Cava en algunos mapas), así como el resto de recorrido hasta Paterna.


La cuestecita del Carril

Por las zonas rápidas tras coronar abrí gas a tope, porque sospechaba que no debíamos de ir muy sobrados para pasar el corte. En efecto, cuando avistamos el Pinguete al fondo a la derecha, Paco me pregunta cómo íbamos de tiempo, a lo que, tras consultar el reloj por primera vez, le respondo que "más justos que un deo en el culo". Teníamos algo menos de un cuarto de hora para llegar antes de las cuatro. Subo el Pinguete como buenamente puedo, entre los ánimos del personal que quedaba por allí (gracias mil) y conseguimos pasar el corte casi seis minutos antes del presunto cierre (en ese momento no sabíamos que después se ampliaría media hora).

Allí soltamos las bicis y nos dimos un pequeño respiro con bocata reparador, zumito y repostaje de líquidos. Ya habíamos acordado que trataríamos de hacer juntos el tramo Paterna-Niebla ya que en esa zona, llana y con viento, dos ciclistas colaborando pueden hacer más camino que un llanero solitario. Y Paco es de los que saben lo que es rodar.

Con él a rueda enfilo las interminables pistas hacia Villarrasa y Niebla, tratando de negociar los charcos que minaban el recorrido. En uno de ellos meto mal la bici en una rodera de barro y caigo en el charco con incuestionable estilo. Lodo hasta los ojos y magulladuras por todo el cuerpo, sobre todo en el codo derecho, pero nada importante. Lo más coñazo es que se me debió de doblar algo la patilla y no me entraba el piñón pequeño. Para que lo hiciese tenía que accionar el mando y meterme por zonas de baches, para que la vibración hiciese caer la cadena. Tipo con recursos.

Aquí quiero hacer un inciso. Se supone que en ese tipo de terreno se va mejor en grupo. Todo el mundo te da el típico consejo: "en esas pistas, coge un grupo y verás como se hace más llevadero". Pues bien, sin ser un grupo demasiado numeroso, nos juntamos por allí cuatro ciclistas (Paco, yo y otros dos) y, la verdad, yo no le vi ventaja ninguna a la cosa. Me pegué casi 25 km entre Paterna y Niebla tirando del grupo, con un único relevito de vergüenza torera del amigo Paco. A lo mejor no he entendido bien algo de lo de ir en grupo, tendré que estudiármelo mejor.

Al paso por Villarrasa, rápida parada en "boxes" fuera de lo previsto para lavarme un poco las heridas de la caída. En general los voluntarios estuvieron de cine pero lo de Villarrasa fue insuperable. Se desvivieron por ayudar en todo lo que pudieron: limpieza de herida, lavado de gafas, mandarina pelada... En fin, un lujo asiático. Gracias a todos los voluntarios.

Un poco antes de Niebla Paco empieza a flojear. Lo espero un par de veces pero finalmente me dice que prefiere levantar el pie y seguir a su ritmo, que tire yo para adelante. Lo cierto es que, aunque en cuestión de relevos no me sirviese de mucho su compañía, pienso que me vino bastante bien porque fui regulando un poco el ritmo y no me cebé del todo, como seguramente hubiera hecho de ir solo.

Tramo divertido por los alrededores de Niebla, pequeño repecho que dolió lo suyo hacia el aeródromo y subida a Bonares donde hago mi última parada prevista. Allí se vuelcan conmigo los amiguetes Emilio, Luque y alguno más, ofreciéndome todo tipo de servicios (no penséis mal, me refiero a bocata, agua, aceite, etc.).

Bueno, pues a subir los últimos repechos previos y posteriores a Lucena y ya está, a rodar tranquilamente por pistas cómodas hasta Mazagón... ¡Y UNA MIERDA! Benito, ya hablaremos de aquello que me dijiste de que esa zona era de caminos sin complicaciones. Como explorador no vales un carajo.

Primero una zona de pinar bastante bonito pero salpicada de trampas de arena y de barrizales y después un camino plagado de lagunas (llamar a aquello charcos sería faltarles el respeto) que no sabía uno por dónde negociar y en las que, irremediablemente, acababas con la rueda clavada hasta las trancas y los pies metidos en un barro inmundo.

Menos mal que los últimos km sí fueron por una pista muy ciclable por la que, a pesar del fuerte viento en contra, marché hasta Mazagón a buen ritmo. Por cierto ¿no os ha parecido que Mazagón podría competir con "Praia do Cassino" por el record Guinnes de playa más larga del mundo? ¡Puff!, la avenida no se acababa nunca.

Definitivamente, llego a meta con una satisfacción que no me cabía en el cuerpo y en un tiempo de 11:35:28. Pensaba que la podía haber hecho en unos 15 minutos menos, pero las condiciones del terreno y el viento final pesaron bastante.

No voy a decir que no sufriese, nadie me iba a creer, pero sí es cierto que, a pesar de mi falta de km este año, no pasé por momentos de grandes crisis, más allá de ir gestionando los amagos de calambres (que no se llegaron a materializar por muy poco) durante más de 100 km. Como ya he comentado arriba se trataba de suplir piernas por cabeza, y cabezota... pues eso, un poco sí.

Felicidades a todos los vencedores, a los que han conseguido superar el reto y gracias a organización, voluntarios y amiguetes por su implicación. El nuevo recorrido, pues como está comentando casi todo el mundo: espectacular hasta Paterna y más cuestionable a partir de allí, aunque con algún tramo también atractivo.

Tiempo habrá para debatir si el futuro de la prueba debe ir en la línea de primar los recorridos tan exigentes, aún a sabiendas de que se puede perder participación de lo que yo denomino "clase media-baja" (bueno, algo de "aristocracia" también puede borrarse) y que a mí, personalmente, me parece vital para sustentar un evento de estas características.

El año que viene ¿más?



P.D.: a pesar de la gentileza de la organización de alargar la ruta, Benito ha seguido mojándome la oreja a base de bien. Así que no insisto más, lo dejo por imposible, no pediré más km. Si acaso, lo de los cocodrilos, pero ya lo vamos hablando.


miércoles, 3 de mayo de 2017

OTRA AL ZURRÓN

Tiempo hacía que no me ponía delante de las teclas para garabatear algo de mis carreritas, pero pienso que la Huelva Extrema bien merece el esfuerzo.

Lo cierto es que tras la edición del año pasado no me animé a publicar nada (algo tenía en borrador pero nunca lo rematé) y por ese motivo no llegué a agradecer en público a mi compañero Domi su capacidad de sufrimiento para alcanzar la meta de Punta Umbría a pesar de encontrarse con problemas de salud. Aunque sea con un año de retraso, lo hago ahora: ¡Gracias, Domi! Te portaste como un jabato.







Pues bien, este año afrontaba mi cuarta Extrema con algo más de confianza que el pasado. Bastantes kilómetros en las patas a estas alturas de temporada, conocer el recorrido y no tener el hándicap de haber estado un tiempo en el dique seco como el año anterior, me hacían afrontar el reto con relativo optimismo. Mi objetivo confeso: llegar a Punta con mejor tiempo que el año pasado (10:07 hicimos) y, si era posible en menos de 10 horas, mejor que mejor. Eso sí, este año en categoría individual.

Tras el madrugón de rigor toca esperar la salida con un frío de narices, más o menos por los medios del primer cajón. Se da la salida con puntualidad británica y todos pitando por el tramo de carretera. Ya por allí empiezan a pasarme infinidad de ciclistas. No quiero (¿o quizás no puedo?) apretar para engancharme a algún grupo que me lleve hasta la entrada del primer camino.

Pisamos tierra y, al contrario que el año pasado, no se forman atascos que reseñar (algún pie a tierra absurdo en la bajada sin complicaciones hacia Los Romeros, pero poca cosa). En esa bajada me pasan los primeros del cajón nº 2, los Villegas, que iban que se las pelaban. Primeros charcos y a por la subida hacia Jabugo ¡¡¿¿QUIÉN COÑO ERA EL QUE ME ESTABA AGARRANDO LA BICI POR LA ZONA AQUELLA QUE HAN REPARADO CON TIERRA, QUE NO HABÍA FORMA DE AVANZAR??!! Me siguen adelantando como si fuese yo a los mandos de un "Maclaren".


Espectacular como estaba de bonita la subida hacia El Castaño, donde se forma el único tapón del día, en la curva de la "Z", como era de esperar. Pero vamos, que no fue gran cosa y la gente, en general, se lo tomó de buen grado. Me adelantan ciclistas "a puñaos".

Con eso de ir en solitario, sin una referencia como la del loco de Domi el año pasado, pienso que las bajadas me las tomé con excesiva calma, porque en ellas también me adelantaban "cienes y cienes" de ciclistas. Además, bajando el muro de Santa Ana, de tanto frenar se calentaron las pastillas y me quedé temporalmente casi sin frenos, hasta que refrigeraron.

Por la carretera de Santa Eulalia, dos ciclistas (competían en parejas, me pareció) que estaban parados me preguntan ¡SI LLEVO UNA BOMBA! No sin antes hacerles ver que no sería mala idea del todo cargar con una bombita entre los dos para hacer una carrera de 180 km, me doy la vuelta para echarles una mano, pero en ese momento parece que le cogieron el truco a la bombona de CO2 que llevaban y me dijeron que ya no necesitaban la bomba. Pues mejor para todos.

Rampones duros hacia El Patrás, por donde definitivamente ya me pasa "El Tato" y a por el tramo complicado y duro que hay tras esa localidad, que hice bastante a gusto, aunque con algún pateo de más por ir rodeado de paquetes histéricos.

A partir de allí había pasado lo peor para mí. Abro gas por la vía verde tras Mina Concepción y subo con relativa dignidad hasta El Campillo, donde había un montón de gente animando. Parece que ya me pasan menos.



En Zalamea paro a repostar líquidos, suelto el cortavientos a mi amantísima (gracias por la colaboración en la logística) y Antoñito, el hijo de Benito, me lubrica la cadena. Gracias, amiguete. Cuando la edad te permita meterte en esta prueba vas a disfrutarla y vas a dar guerra.

No sé como lo veríais los demás, pero en mi opinión el terreno en la parte inicial (hasta El Patrás, más o menos) estaba bastante practicable, mejor que el año pasado, pero a partir de ahí se ponía mucho más pesado, con barro y charcos continuos que hacían difícil mantener un ritmo.

Igual que el año pasado, me pareció espectacular el tramo que lleva de Zalamea hasta el puente sobre el Odiel. Este año, más si cabe, con la nueva zona de senderos y caminos que sustituía la bajada por carretera. Ya por esa zona se invierten las tornas y empiezo a recuperar algunas de las pegatinas que me había quitado el personal en los tramos anteriores. Disfruto (eso es fácil escribirlo hoy) de la subida a Almagrera, salvo el coñazo de los dos pateos por los derrumbes que había.

Rodeo de Calañas y a enfilar la pista que busca Las Cruces. Viento fuertecillo en contra y toca apretar los dientes para ir recuperando posiciones, cosa que voy haciendo con relativa facilidad. Ya cerca de Las Cruces, donde tenía prevista mi segunda parada en "boxes", veo delante un grupo de ciclistas muy numeroso (unos 20, diría yo). Aprieto para tratar de sobrepasarlos antes de llegar al pueblo, para evitarme la aglomeración que se podría formar, pero sólo consigo atrapar a algunos rezagados del grupo.

Total, que el avituallamiento de Las Cruces estaba más atestado que el "Primark" del "Holea" en un día festivo en Sevilla. Aquello era un hormiguero de ciclistas y bicicletas. Por ello, miro mis botes, a media carga en ese momento, calculo lo que queda hasta San Bartolomé y decido cambiar sobre la marcha de estrategia: en lugar de ir a tres paradas, iría a dos. Con un par.



Tras los duros repechos anteriores a la carretera Tharsis-Las Cruces (se atragantan de verdad) vuelvo a poner un ritmo sabrosón en una zona que me va bastante bien y con el que sigo adelantando a bastantes ciclistas, peroooo... conforme me voy acercando a San Bartolomé me voy dando cuenta de que lo de no parar en Las Cruces no ha sido buena idea y voy entrando en el único episodio de crísis del día. Tengo que hacer acopio de fuerza mental y tratar de gestionar los primeros amagos de calambres para llegar hasta el avituallamiento, mientras que algunos de los que instantes antes había dejado por detrás me volvían a alcanzar.

Pero siempre que ha llovido ha escampado y al entrar en San Bartolomé veo la luz en forma de jarra helada de cerveza que me ofrece el amiguete Dani, bartolino y compañero de curro. Lo cierto es que se trataba de una deuda que tenía desde hacía un año y de la que di buena cuenta en un abrir y cerrar de ojos.



Besos y abrazos a los amiguetes que había por allí (Churrero, Bocina, Kike, Pepito...) y a por un bocata en el avituallamiento. Repongo líquidos, aceitito para la cadena y con cuerpo y alma reconstituidos pongo de nuevo el motor en marcha para acometer la última tirada.

De nuevo a ritmo vivo, voy rebasando a un buen número de ciclistas, ya bastante tostados. Por la pista colorada, uno de los que alcanzo se me pone a rueda, un tipo con buena planta y en edad de merecer. Con él enganchado al culo voy atravesando la pista colorada, el canal y nuestros queridos pinos. Mi única preocupación era tratar de evitar que los amagos se materializasen en calambres, cosa que, afortunadamente, conseguí, aunque a costa de no apretar todo lo que hubiese deseado en algunos tramos. No obstante, hice muy buen tiempo en el último sector.

Cuando quedan unos 5 km miro el reloj y veo que voy en tiempo de lograr el objetivo de entrar en menos de 10 h, por lo que aprieto los dientes hasta meta en la que entro radiante de felicidad y en un tiempo de algo menos de 9:55. Eso sí, con el fornido muchachote adherido a mi culo. Se ve que le agradó, hay gustos para todo. Nos saludamos todos los que entramos a la vez en meta menos... en efecto, amiguetes, el muchachote de buena planta, que no se dignó a decir ni mu y se marchó muy ufano tras haber logrado el que parecía su objetivo en la carrera: aguantarle la rueda a un viejo, obeso y medio acabado durante 30 km. Enhorabuena, majete.



En fin, una Extrema más al zurrón habiendo disfrutado de un espectacular recorrido por nuestra provincia. Bueno, esta es la típica gilipollez que se dice cuando se te van olvidando las fatiguitas negras que has pasado para arrastrar la bici desde Almonaster hasta Punta Umbría. Si te preguntan cuando vas subiendo la cuesta de la depuradora de San Bartolomé, habría que ser muy masoquista par decir con una sonrisa en los labios: "pues ya ves, aquí, disfrutando".

Gracias a la organización por el espectacular diseño del trazado, sevicios, atenciones, correcciones de última hora... Tenemos en Huelva una prueba de muchos quilates. Lástima que sea tan caríiiiiisima la inscripción. Y es que después sólo te dan avituallamientos perfectos, cronometraje por chip, retransmisión en "estrimin" de ese, 3 barritas, 3 geles, un maillot, varias revistas, medalla, caja de fresas, comida, fisioterapia, lavado de bicis... En fin, un atraco a mano armada.

Gracias también a todos los que habéis estado animando durante el trayecto (algunos demostrando que poseen el don de la ubicuidad). Eso da sentido al esfuerzo de los que nos metemos en estos follones sin otro objetivo que llegar a meta lo más decentemente posible.

Gracias a Pepa por su inestimable colaboración. Aunque en el fondo sé que acabaré pagando de la manera que menos me espere el madrugón que se tuvo que pegar para traerse el coche de vuelta desde Almonaster.

Enhorabuena a los vencedores y a todos los que han superado su reto personal (en especial a mis compañeros Paco, Nacho y Jose y al amiguete Benito). Y a los que no... pues a entrenar más y en la próxima será.

En fin, que el año que viene, más y ¿mejor? Espero poder estar presente en la 6ª edición de nuestra Extrema.

Mi primo el oscurito ya se ha colgado otra medalla.




PD. 1: Benito, en Zalamea me llevabas 25 min, en meta me sacas 7:30 "maomeno". ¡EL AÑO QUE VIENE QUIERO UNA EXTREMA CON 50 km MÁS, A VER SI TE PILLO!

PD. 2: pues hacía tiempo que no escribía por aquí, pero me he despachado a gusto.