miércoles, 29 de agosto de 2012

¡QUÉ BIEN SE ESTÁ(BA) DE VACACIONES!

Pues eso, que aunque ya casi ni me acuerdo de mis días de vacaciones, voy a rememorar por aquí algo del viaje que hicimos Pepa y yo a finales de Julio. Estuvimos 10 días en Eslovenia, con una noche más en la impresionante (y masificada) Venecia. Eslovenia es un pequeño país completamente recomendable. La zona por la que anduvimos son las últimas estribaciones orientales de los Alpes (Alpes Julianos y otras formaciones cuyo nombre no recuerdo ni me voy a poner a buscar). Paisajes montañosos, todo muy verde, bosques espectaculares, ríos de agua limpísimas (y frías de cojones), lagos... En fin, una monería (en serio).

El planteamiento del viaje era con un club de senderismo de Madrid, lo que implicaba mucho pateo por el campo, subiendo algunos picos sin excesiva dificultad, aunque requerían de cierta preparación física.

En este caso se tratará de una entrada básicamente gráfica: pocas palabras y más "afotitos".



Más o menos así es toda la parte de Eslovenia por la que anduvimos. Montañas, bosques, prados, cabañas... No, no vimos al abuelo de Heidi .




Este es el río Soča (léase "socha"). Espectacular la coloración azulada de sus heladas aguas.





Paisaje desde la cumbre del pico Slemenova (o algo así). La foto no es muy buena pero os aseguro que las vistas son alucinantes.




Garganta de Vintgar. Otro precioso paraje, cerca de la localidad de Bled.




Esto es Velika Planina (Gran Planicie en la lengua que hablan allí). Es una zona de pastos de montaña y las cabañas son lugar de residencia de los pastores durante parte del año. A pesar de su aspecto rústico cuentan con bastantes comodidades en el interior.




Foto tomada durante la ascensión al pico... ¡"Cachis", tampoco recuerdo el nombre! La cumbre que se ve al fondo es el Triglav, la más alta de Eslovenia y símbolo nacional (aparece en su escudo).




Como país que es, tiene su capital y todo: Ljubljana ("liubliana" se pronuncia, más o menos). Se trata de una ciudad de unos 300.000 habitantes cuyo centro es muy agradable y con un ambientillo curioso.




Tiene hasta sus polis en bici.




Esta es la localidad de Bled, con su castillo "entoloarto".




Lago de Bled con su isla al fondo. El pueblo de Bled está alrededor del lago. Es un lugar magnífico para darse un baño y nadar tranquilamente. El agua está a una temperatura estupenda.




Demostración de lo del baño, con el patito feo como protagonista. El patito feo es el blanco con el pescuezo más largo.




Hombre, darse un baño sí pero ¿qué coño harían estos dos?




Esto ya es otra cosita. Si el agua del lago de Bled está a una temperatura inmejorable, la de esta cascada en el Soča estaba absolutamente congelada. Aunque no se vea muy bien ahí estoy con Pepa bajo el gélido chorro.





Pateando hacia la cima del pico cuyo nombre no recuerdo. El que está en primer plano es Mitja ("mitia"), esloveno pareja de la guía que llevábamos (Sara) y que le echó una mano en un par de rutas para conducir el rebaño. Buena gente los dos. Eso sí, parecían cabras: cada yerbajo que veían por el camino decían que era comestible y que iba bien para tal o para cual cosa.




No se puede abandonar la bici del todo...




...aunque es mejor complementarla con ejercicios del tren superior.




¡Ahí está el tío! Haciendo cumbre. El Triglav al fondo.




Todo españolito lleva un torero dentro.




Eso sí, la rubia que no falte.




Esto ya no es Eslovenia. Son unos lagos a pocos kilómetros de atravesar la frontera italiana. Tampoco recuerdo su nombre. Por ahí lo tengo apuntado pero me da pereza buscarlo. Eso sí, bonitos lo son un rato.




La vista es desde Italia, pero las cumbres del fondo son, en parte, eslovenas.




Allí patea por el campo todo Dios.


Bueno, esto es todo, espero que os haya gustado. Lo dicho, Eslovenia es un destino 100% recomendable.



jueves, 16 de agosto de 2012

FRANCISCANOS EN "LA PERICO"


Vaya, ahora que he vuelto a abrir el chiringuito este, caigo en la cuenta de que se me olvidó colgar el cartel de “CERRADO POR VACACIONES”, lo siento. Durante este periodo he estado recorriendo tierras eslovenas (prometo “post” gráfico en breve) y desintoxicándome de bicicleta. Lo malo es que ya tenía comprometida mi asistencia a la cicloturista Perico Delgado el día 12 de agosto por tierras segovianas y eso eran palabras mayores para mi estado de forma. Lo más parecido a subir un puerto que había hecho en los últimos tiempos era la cuesta de Lucena, no os digo más.



La idea surgió hace meses entre varios miembros del club. El año pasado nos metimos en la Quebrantahuesos y fue una gran experiencia. La intención era volver a pegarnos una escapada de fin de semana entre amiguetes y optamos por esta marcha, ya muy consolidada y con tirón popular, pero sin la masificación de la QH. Por el camino se cayó de la lista de convocados alguno que otro y al final partimos rumbo a la tierra del güisqui DYC Charly, Jabiker, Quique y servidor de ustedes en representación del C.C. Ciclotaller Francis. A la expedición se unió Javi Baca, un amiguete residente en Sevilla, así como Carmen (esposa de Charly), Pepa (la mía) y Maricarmen (la de Javi).

Ha sido un gran fin de semana, con ratos de cervezas, cubatas y risas alternando con otros de geles, isotónicos y “mu malita cara”. Aunque leo por ahí críticas de todo tipo, a mí la marcha me ha encantado: recorrido espectacular y duro, organización eficaz, avituallamientos correctos y mucho ambiente ciclista. La edición de este año homenajeaba al que, probablemente, haya sido mi primer ídolo ciclista: Don Ángel Arroyo.



Relataré algo de lo que recuerdo de mi experiencia en la ruta, aunque ya os adelanto que no tengo muy clara la secuencia de acontecimientos: se ve que la sangre estaba concentrada en las patas y no regaba demasiado bien la pelota, con lo que hay pasajes que tengo bastante borrosos.

Salida bastante atrás y recorrido neutralizado hasta La Granja sin apreturas, tratando de evitar cualquier peligro. En los falsos llanos previos al alto de Navacerrada voy recuperando posiciones junto a Javi Baca, hasta que empieza lo serio. A partir de ahí, a mi ritmo, que no era precisamente vertiginoso. Javi se marcha en las primeras rampas y ya no volvería a verle hasta llegar al hotel.

Gran parte de la subida rodé junto a un “nota” que se hizo la ruta ¡disfrazado de torero!, con montera y todo y “manoletinas” con calas: un crack. También había otro, con equipación del Kelme, que subía entonando canciones de iglesia (“qué alegría cuando me dijeron…”, “no podemos caminar, con hambre bajo el sol…”). No sé, algún porrazo mal dado en la cabeza, exceso de ingesta de geles o algún golpe de calor, cualquiera sabe.




A media ascensión me adelanta Quique, que iba subiendo como un avión. Ni me planteo tratar de seguir su ritmo, yo a lo mío: pedaleo cansino tratando de no asfixiarme mucho. Tras coronar Nevacerrada, en el falso llano hasta Cotos impongo un ritmito alegre para tratar de recuperar posiciones. Esa sería la tónica de la jornada: recuperar en terrenos rodadores lo mucho que perdía subiendo. El descenso de Cotos lo hago bastante bien, sin asumir riesgos pero a buen ritmo. Lo cierto es que disfruté bastante en todos los descensos, sin sensación de peligro y recuperando posiciones.

De la subida a la Morcuera me vais a perdonar que no cuente nada: sencillamente, no la recuerdo. Sólo sé que arriba había una manta lectora de chips que pitaba como sus muertos y un montón de gente parada en el avituallamiento. Yo iba bien de provisiones, así que no paré.

Afortunadamente iba bien documentado y a la salida de Miraflores me dio tiempo a quitar desarrollo en el rampón inicial del alto de Canencia. Alguno a mi lado tuvo que poner pie a tierra e incluso uno se cayó de lado al quedarse clavado. Por allí veo a pocos metros el culo de Quique, pero se volvería a marchar hacia adelante (me tuvo todo el día persiguiendo fantasmas, el “joío”). Sin pena ni gloria corono el puerto y paro para reponer líquidos.

Tras descender Canencia había buen terreno para rodar antes de afrontar Navafría. Aunque con algo de miedo a quemar demasiado combustible antes del último puerto, me puede la sangre y voy tirando fuerte. Por allí no encuentro ninguna colaboración en los diferentes grupos que voy pillando. Tan sólo había uno que entraba de vez en cuando, pero en la modalidad de “palo que te crió en el repecho p’arriba”, con lo que no me servía de nada su rueda.

Temiendo haber gastado demasiado en el tramo anterior, afronto la última dificultad montañosa del día, el puerto de Navafría. Sorprendentemente me encuentro bien, con un pedaleo ágil, buen ritmo y muy buenas sensaciones. Por primera vez en todo el día iba sobrepasando a un montón de ciclistas en ascenso, con aparente facilidad. Este subidón me duró unos 4 km, hasta que un par de repechos duros me pusieron en mi sitio: se acabó la agilidad, se acabó la soltura, se acabaron las buenas sensaciones y no se acabó el Jota por poquito. Tocó arrastrar la bici como buenamente se pudo hasta la cima, siendo adelantado por muchos de los que, momentos antes, habían sido víctimas de mis minutos de gloria. En fin, les devolví a cada uno sus pegatinas y a penar hasta arriba con la mayor dignidad posible.

Al coronar, Quique, que estaba parado repostando, me saluda. Se ve que su objetivo era ganarme el maillot de la montaña y bien que lo logró. Yo iba bien de reservas, por lo que decidí no parar. En el descenso trato de estirar un poco las patas, comer y beber para afrontar lo mejor posible los últimos “cuarentaitantos” km relativamente llanos y con algo de viento de cara.

Ese era mi terreno y tocaba darlo todo. Aunque tenía mis dudas, quedaba algo en las piernas y eso me permitió ir pillando grupos desde atrás, pasar a cabeza, volver a tirar y alcanzar otro grupo. Así hasta meterme en uno que iba a buen ritmo. Tras respirar un poco, paso a trabajar en cabeza junto con un burgalés que arreaba tela. Al llegar al avituallamiento de Collado Hermoso le pregunté si iba a parar (no quería perder su compañía) y me contestó que sí. Decido entonces parar yo también a reponer líquidos, que iba justito. Sin embargo el burgalés decidió en el último momento no parar y seguir con el grupo y me quedé allí, solo y desamparado.

Tras arrancar, me alcanza otro grupo que rodaba fuerte, encabezado por varios de un club de Castro Urdiales. Paso a colaborar y vamos haciendo camino a buena velocidad, recogiendo cadáveres constantemente. No miré mucho para atrás, pero el grupo era bastante numeroso. Al principio entrábamos seis o siete a relevos, después tres o cuatro hasta que, en los últimos 15 km (o así) nos quedamos solos un barcelonés y yo. Nos metimos un buen tute para mantener ritmo hasta meta.

He de decir que, contra lo que suele suceder en estas ocasiones, el comportamiento del grupo que arrastrábamos fue ejemplar. Al encarar la recta final decidieron dejarnos entrar por delante a los dos que tirábamos y el único que pegó un palo para marcharse recibió tal abucheo que, avergonzado, volvió inmediatamente al redil. Tras pasar la línea de meta y saludar al barcelonés, recibí agradecimientos y felicitaciones de muchos de los integrantes del grupo ¡Coño, que me emocioné y todo!

Al final, 6 horas y 3 minutos y diploma de plata. Lo normal para lo mal que iba de forma. Estratosférico mi amigo Javi Baca, con 5:36 y muy bien Quique 6:12. También cumplieron con nota Jabiker y Charly. Después hicimos una muy adecuada rehidratación por diferentes garitos de la bellísima Segovia, por donde nos encontramos a un par de onubenses que también habían hecho la ruta: Salva (salvifr, creo que era su alias) y Rosa (de Bicis Monje). Lo del cochinillo, no pudo ser.

En fin, una experiencia muy positiva que habrá que repetir el año próximo… ¿Álguien ha dicho Marmotte?



martes, 3 de julio de 2012

CARTA ABIERTA A LA ABEJA MAYA (y a su puta madre, la abeja reina)


Aprovecho éste, mi blog, para dirigirme a la más famosa de las abejas como representante de todas las de su especie y expresarle mi malestar por su comportamiento hacia mi persona en estos últimos tiempos.


¿Qué coño os he hecho yo para que me tratéis así? No suelo consumir la miel que fabricáis tan laboriosamente en vuestras colmenas. Lo mismo puedo decir de la jalea real, jamás os he quitado un solo gramo de esa sustancia con la que alimentáis a vuestras reinonas (por cierto, ¿no os habéis planteado nunca lo de la república? Por aquí tampoco parece que tenga mucho futuro la cosa, la verdad). Ni siquiera tengo por costumbre quemar cirios ni velas hechos de la cera con la que construís vuestras coquetas viviendas (bueno, un poco sosas de diseño sí que son, tanto hexagonito…).

Pues bien, teniendo en cuenta que no me consta haberos hecho nada malo ¿me puedes explicar a qué vienen vuestras continuas agresiones? Cinco picaduras, cinco, recuerdo haber recibido en lo que va de año. Tres de ellas en el último mes y las dos más recientes en un plazo de ¡sólo cuatro días!

Y lo peor es que cada vez vais con más mala leche, joder. Antes, vuestras picaduras me dolían un ratito y listo, no había más consecuencias. No es que fuese agradable pero tampoco para tenéroslo muy en cuenta: cosas de insectitos. Pero es que las últimas me han dejado la cabeza (encima eso, que siempre vais al mismo sitio, ¡coño ya!) con más bultos que una torta de Inés Rosales. Estáis haciendo que me plantee salir en bici con escafandra de buzo.

En fin, espero que mis palabras no caigan en saco roto y que convenzas a tus congéneres para que me dejen tranquilo de una vez y se dediquen a sus florecitas, su polen y sus cosas de abejas. De lo contrario me voy a ver obligado a tomar medidas drásticas. No quiero ponerme violento, pero te enseño las fotos de la panda de matones a la que pienso recurrir si seguís por este camino.

Abejaruco común (Merops apiaster)

Halcón abejero (Pernis apívorus)

La araña Tecla (ahora si que ta has cagado ¿verdad?)


Avisada quedas, Mayita.



Tuyo afectísimo,

Jota.




miércoles, 20 de junio de 2012

ESTO NO HAY QUIEN LO ENTIENDA (crónica de la prueba de Santa Ana tras la coña de la entrada anterior).


Así es, amigos, cuanto más monto en bici y más pruebas llevo en mis alforjas, más difícil se me hace entender determinadas circunstancias relacionadas con el rendimiento deportivo.



Os pongo en antecedentes en lo relativo a la situación en la que afrontaba el Maratón de Santa Ana la Real, disputado el domingo 17:

-     Desde el miércoles pasado arrastro un dolor en las costillas debido a un fuerte golpe producido por una caída ¡MIENTRAS LAVABA LA BICI! Así de triste es la cosa. El dolor no es demasiado intenso pero me molesta al dormir, al respirar a fondo y, sobre todo, al estornudar o toser. Pero bueno, nada que me impida andar en bici, aunque tengo que ir con cuidadito y respirar sólo por el pulmón izquierdo.
-     De un tiempo a esta parte arrastro una buena cantidad de kilos de más.
-    El sábado tenía el cuerpo “reguleras”, con malas sensaciones estomacales. Esto no impidió que me “reliase” de cervezas en doble sesión: mediodía y noche. Lo más parecido a una alimentación adecuada fue pedirme por la noche media ración de bravas, por aquello de los hidratos.
-    El trazado del maratón de Santa Ana me va… pues como a Paloma Gómez Borrero un tanga y un liguero, fatal. Subidas extremas, trialeras, poco terreno para rodar…
-     Por todo lo anterior y por mi mala trayectoria de este año, andaba cortito de motivación. Tanto, que pese a haber sido ¡el primero en recoger el dorsal!, me situé muy atrás en la salida, huyendo de follones.

Pues bien, con ese descorazonador panorama va y me sale la mejor carrera del año ¿Álguien lo entiende? No es que le haya disputado la victoria a Roberto Heras, ni que anduviese pegando palos para descolgar a los Macías, pero lo cierto es que me encontré siempre con buenas sensaciones, rebasando sin muchos problemas a gente que últimamente se me atragantaba y consiguiendo (ya hacía tiempo que no sucedía) aparecer en la primera página de una clasificación general.

Trataré de contar algo de la carrera pero ya os adelanto que en ésta no tengo demasiado clara la secuencia de cómo transcurrió la cosa. Se conoce que la sangre estaba más cerca de las patas que de la cabeza.

Lo cierto es que, como ya he comentado, arranqué en posiciones muy retrasadas, pero muy pronto veo que las piernas van bien y voy pasando a mucha gente sin apretarme en exceso. Los pateos obligatorios en los repechones me los tomo con filosofía y afronto la bajada posterior al Castaño a rueda del Conde, buena referencia en ese terreno. Por cierto ¡qué “jartá” de polvo, chiquillo! Había momentos en que no se veía nada y tenías que tomar las trazadas por intuición.

Al afrontar la bajada tras pasar por Jabugo paso a José Miguel para darle un sustito y que pensase que se iba a comer toda la trialera bloqueado por mi culo. Sin embargo me apiadé de él y le cedí el paso cuando la cosa se puso complicada. Yo hice esa zona bastante bien, con un solo pie a tierra en un escalón, aunque siempre con prudencia, sin acelerarme. Supongo que las ruedas de 29’’ ayudaron bastante. Por allí pasé al Taja, que iba pateando tras haberse despistado en un cruce anterior (luego me volvería a adelantar en el pateo hacia arriba antes del paso por Santa Ana).

Sin mucha más historia sigo a buen ritmo hasta que, creo que después de Calabazares, veo a unos metros a Quique, último de mis compañeros que marchaba por delante (¡Aisss! ¡La ancestral lucha por ser el macho dominante de la manada!). Lo alcanzo y se va quedando por detrás, mientras yo sigo a mi ritmo. Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la gran cantidad de averías que ha sufrido el personal. Cada dos por tres había alguien al lado del camino reparando algo. 

Dudas al atravesar La Escalada (único punto en el que eché de menos alguna flecha señalizadora) y alivio al comprobar que no se subía el “chupa-chups” que había visto en el reconocimiento, pasando a cambio por una sendita muy entretenida. Espectacular el paraje entre pinos y helechos en la subida anterior al último control y después a apretar fuerte en el único tramo que permitía rodar con fluidez. Por allí circulé con un alcoleano y con Pomares.

Mi momento de gloria llegó en la última subida. El día que reconocí el recorrido pateé en dos ocasiones, durante muchos metros y me pareció totalmente imposible subirla montado. Pues bien, el domingo apreté el culo, tiré de sufrimiento y me la comí enterita, sin rechistar y sin poner ni un pie. Para mi supuso una gran satisfacción, además de permitirme adelantar a un montón de gente que iba empujando la bici. Eso sí, llegué arriba exhausto, sin un gramo de fuerzas para intentar atrapar al Taja (que había pateado toda la subida por problemas con el cambio) y a Carmelo, panturrano de mi categoría. Por cierto, muchas gracias a los que estabais por allí arriba animando, se agradeció vuestro apoyo.

Una vez coronada la cuesta fue cosa de dejarse caer hasta meta y disfrutar de haber realizado una carrera decente y, por fin, sin contratiempos. Muy contento, como ya he dicho, por aparecer en la primera página de las clasificaciones, ya ni me acordaba de lo que era eso.

El maratón, sencillamente magnífico. Puede que me tire la tierra (soy medio serrano) pero pienso que las zonas que se han atravesado son espectaculares y la organización ha estado a gran altura, con el añadido de contar con el calor de la gente al atravesar el pueblo. Enhorabuena a los que se han lanzado a montar esta prueba, que espero se repita en años venideros.

En la general se impuso un tal Roberto Heras, seguido a bastante distancia por los hermanos Macías. Enhorabuena a mi compañero Quique por su tercer puesto en M-50.


P.D.: ¿¡QUIÉNES COÑO ERAN LOS DE LA PELUCA “COLORÁ”, QUE CASI ME DA UN ATAQUE AL CORAZÓN EN PLENA SUBIDA!?

      





martes, 19 de junio de 2012

SATISFACCIÓN


No todo iba a ser relatar penas, momentos ingratos y sinsabores. A veces la vida te sonríe y te muestra su cara amable y eso me ha sucedido a mí este domingo en el maratón de Santa Ana.



Ha sido una larga travesía en el desierto, muchas horas de dedicación sin obtener resultados satisfactorios. Mil veces te planteas dejarlo todo, abandonar, rendirte. Te enfrentas a un muro que piensas que jamás vas a poder escalar, no estás preparado para ello, no tienes la suficiente capacidad para afrontar los retos que te vienen. En fin, llegas a pensar que no vales para esto.

Recuerdo cuando arrancaba la temporada, pleno de ilusiones y decidido a acometer la tarea poco a poco, pacientemente, que ya se alcanzarían los resultados con el tiempo. Te metes en faena, vas descubriendo obstáculos, ¡uff! esto no es tan fácil como uno pensaba. Desánimo, momentos de bajón, ganas de mandarlo todo al carajo…

Menos mal que siempre he contado con el apoyo de mis compañeros de club que siempre han estado ahí para ayudarme, para animarme, para corregirme, para decir: “por ahí no vas bien ¿por qué no pruebas con tal o cual cambio?” Gracias, compañeros, sin vuestro respaldo jamás lo hubiese logrado.

Pero hay un momento en que empiezas a notar que las piezas van encajando, que la obra va tomando forma. Algo te dice que, en el fondo, vas por el buen camino, que alcanzarás la meta deseada más pronto que tarde y eso te anima a trabajar más duro si cabe. Pero esto no quita para que uno se sienta inquieto, desasosegado, pensando que, llegado el momento, todo saldrá mal y el resultado será el fracaso y que te has dejado por el camino un montón de horas de dedicación, de sacrificio, de esfuerzo.

Por eso la satisfacción experimentada este pasado domingo en el Maratón de Santa Ana ha sido enorme, liberadora. Se quita uno un peso de encima, respira hondo. El trabajo ha dado sus frutos y se pudo ver en carrera: ¡qué chulo nos ha quedado el diseño de la equipación nueva!



martes, 22 de mayo de 2012

A PERRO FLACO...


Hombre, no sé si el título es el más apropiado dado el tipito que actualmente luzco, pero he tirado de refranero para expresar mis sensaciones tras la carrera del sábado en Berrocal.



Lo cierto es que no me gusta buscar excusas cuando una prueba no me sale como me hubiese gustado y por eso quiero dejar claro que mi lamentable rendimiento en la maratón BTT de Berrocal fue debido, simplemente, a que no anduve un carajo. Soy consciente de que no estoy en mi mejor momento de forma pero, sinceramente, no esperaba hacerlo tan mal como lo hice. Si a eso le añadimos las pulgas en forma de averías tenemos, más o menos, un dibujo de mi paso por tierras berrocaleñas.

En lo lúdico-festivo, buen fin de semana, pernoctando la noche del viernes en Berrocal con un grupo de amiguetes alimañas y asimilados por gentileza de Pepe Contreras. Impagable el ratito de la cena con El Bocina contando sus anécdotas dentales: lágrimas de risa.

La mañana nos recibe con un fuerte chaparrón pero, afortunadamente, el tiempo respetó la prueba, sin frío, calor ni lluvia. Desayuno y para la salida, encontrándome con la sorpresa de estar incluido en el cajón, lo que me permite un tramo neutralizado la mar de tranquilo, pegado al coche que abre carrera.

Nada más darse la salida real empiezo a notar que las patas no van, en la pequeña subida por carretera. Ya en la Cuesta del Carril me pasa hasta “er Tato”. Como dice el amiguete Quique, iba acelerando para atrás. Pienso muy seriamente en que puedo llegar a situarme a cola de carrera. En la bajada del primer “raspaero” intento mantenerme el mayor tiempo posible sobre la bici pero llega un momento en que es imposible, todo el mundo va a patas. Pues nada, a patas, pero tratando de adelantar posiciones a base de salirme de la trazada más trillada.

Primera subida larga y el motor igual, sin arrancar. Totalmente hundido, voy sopesando si es mejor opción buscar el camino más corto para darme la vuelta o atreverme con lo que en ese momento se me antojaba toda una proeza: afrontar la ruta corta (nunca hasta ahora he abandonado una prueba ni he tirado para una ruta corta). En el tramo que lleva hacia la zona de Las Gargantas voy rodando con Alfonso Duque, Ceferino, Cruz Sandalio… Cualquiera de ellos me deja en evidencia en cuanto la cosa se pone cuesta arriba. Además empiezan mis primeros problemas mecánicos, teniendo que parar dos veces para sacar la cadena de entre rueda y piñones, una de ellas quitando la rueda.

Bajada de la “V” montado, esquivando a gente que pateaba, hasta llegar a lo peor, donde me tiro de la bici para seguir a pie. La subida la hago un pelín mejor, a rueda de Mayte. Al llegar a la pista, aún picando hacia arriba, parece que el cuerpo va entrando en caja y puedo apretar algo. Empiezo a dejar gente por detrás y a pillar a alguno que otro. Mejor aún cuando el terreno se vuelve algo más favorable. Voy recortando distancias y alcanzando a ciclistas. En las curvas de bajada al Hornueco me marco un interior a lo Marc Márquez para pasar a Antonio Almirón.

Subida de Los Llanillos con Juan “Militar”, que se sorprendió de verme por allí. “No hay para más”, le dije, y aguanté como pude su ritmo. Antes de afrontar la bajada de Conejeros, paso por delante de él: prefiero llevar campo libre por delante y ver los obstáculos. Allí me llevé la única satisfacción del día: consigo bajar montado casi hasta la rivera. Solo pateé los últimos 10-15 m que estaban demasiado rotos. Nunca había conseguido bajar tanto por allí.

En la subida fuerte tras cruzar la carretera del Madroño no voy mal pero se reproducen los problemas con la cadena: dos veces pie a tierra, la segunda de ellas teniendo que desmontar de nuevo la rueda para sacar la cadena, lo que me llevó un buen rato. Por allí me vuelven a rebasar muchos de los que había alcanzado antes.

De nuevo desanimado, con las patas de madera, afronto con más pena que gloria la zona en subida por la pista, por donde me alcanza mi amiguete Javi, de Los Guzmanes. Voy tratando de seguir su ritmo, lo que se me hace difícil en las subidas, aunque recupero en las bajadas (¡manda huevos!, lo que hay que oír). Subidón del Frejo de aquella manera, empujando la bici y, al llegar al control, ya que había que parar, decido llenar el bote que llevaba vacío. Arranco y cuando me doy cuenta, no llevo el bote. No sé si lo metí mal o, sencillamente, me lo dejé en el avituallamiento con la caraja.

Por la pista que lleva al Cigarrillo sigo tras la estela de Javi, alcanzando a alguno que otro (Americano…) y al llegar al tramo de pista que se repetía veo que llevo algo de piernas, por lo que me pongo a tirar fuerte, ante la sorpresa de mi amiguete. Por allí alcanzamos a bastante gente (Juan “de Ono”, “Militar”, “Beatinhos”…) y me lancé a buen ritmo por la bajada de La Cumbrecilla, seguido por Javi.

En la zona de rivera, Óscar (gracias a ti y a Charo por las fotos) me dice que Quique ha pasado a unos 20 m. Aprieto para pillarle con un doble objetivo: darle un susto al ver un maillot naranja y advertirle de la proximidad por detrás de un rival de su categoría. Llego al último avituallamiento a unos metros de él y del Pirri pero me doy cuenta de que llevo le rueda trasera vacía. Paro para inflar y cuando voy a apretar la válvula la rosca no va. Decido arrancar así pero tras el primer repechón a patas compruebo que la rueda sigue perdiendo.

¡Ea! Pues a meter cámara a 3 km de meta. Con las ganas que tenía ya de llegar y acabar con la mierda de carrera que estaba haciendo. Entre que me lo tomé con calma y que me costó horrores meter la cubierta perdí allí una eternidad.

Cuando acabo de reparar veo que llega Mayte, peleando por la segunda plaza, y que otra fémina le iba pisando los talones. Decido subir al ritmo de Mayte e irle avisando de la distancia con su perseguidora. Hizo la subida a muy buen ritmo, distanciando a su rival cada vez más, lo que me sirvió a mí de aliciente para no dormirme, entrando tras ella en meta.

En fin, día para olvidar. Me quedo con la satisfacción de ver al compañero Quique en el pódium (bueno, al lado del pódium) y de la buena carrera que hizo Domingo.


P.D.: espero que en Santa Ana se acabe mi mal fario este año en el Provincial. Bollullos y Almonte perdido por los caminos y Berrocal con problemas mecánicos. Lo dicho, a perro gordo…