lunes, 22 de febrero de 2016

VUELTA AL TAJO


Bueno, pues por aquí seguimos. Tras lo que contaba en mi última entrada, entre unas cosas y otras no había conseguido reunir las ganas necesarias para colgarme un dorsal durante todo lo que quedaba de 2015, decidiendo hacer de él un año totalmente sabático en lo que respecta a competiciones.

Pero con la llegada del nuevo año toca retomar las buenas costumbres y arrojarse a la arena para defender los colores de nuestro insigne club, ESLABÓN PERDIDO. Han sido quince meses sin aparecer por ninguna prueba y ya apetecía volver a vivir ese ambientillo y reencontrarme con caras conocidas.

La primera cita del año ha sido en Almonte con su Maratón BTT Doñana Natural, un recorrido sin más complicaciones que las que provoca la presencia de innumerables zonas de arena pero que con las lluvias de las últimas semanas no presentaba excesivas dificultades. Además tenía largas zonas de senderos revirados muy entretenidas.

Con ilusiones renovadas y bici nueva (bueno, de segunda pata, pero como si fuese nueva) me planto en Almonte el domingo con lo que yo pensaba que era muchísima antelación. Pues un mojón “pamí”: caos total en la entrega de dorsales y me pego casi una hora de cola. No sé si el tema es achacable a la organización almonteña o a la pijotería federativa, pero no es de recibo poner una única mesa de entrega de dorsales para 700 participantes. Bueno, a partir de cierto momento se montó una segunda mesa para ¡LOS APELLIDOS DE LA “R” EN ADELANTE! Llegué a plantearme si el Juzgado de Paz estaría abierto para tramitar un cambio de apellido. Probablemente hubiera sido más rápido que esperar toda la cola.

En fin, que totalmente estresado me metí en el fondo del cajón de salida después de las 9:30 (hora teórica de salida) tratando de bajar pulsaciones antes de la partida.

Tramo neutralizado relativamente tranquilo y salida en estampida por buenos caminos en los que pude ir remontando posiciones sin muchas apreturas. Andaría por la mitad del pelotón, pasado el km 5 cuando en una curva de 90º casi me voy al suelo al “flanearme” la rueda trasera. Miro para abajo y compruebo mis sospechas: voy sin aire.

A partir de aquí todo fue un cúmulo de despropósitos: intento inflar a ver si el moco tapona y nada (creo que el problema era de la válvula), me pongo las gafas “del cerca”, lío la de Dios para desmontar las ruedas esas tan modernas que van con llave “allen”, las paso putas para meter la cámara, que era de 26”, en la llanta de 29”, me pongo perdido de moco (que no veas cómo se agarra a los pelos de las patas cuando se seca) y, para rematar, me resulta totalmente imposible meter la cubierta en la llanta con el único desmontable que llevaba.




A todo esto ya había pasado la totalidad de los participantes y, un buen rato después, llegaron dos ciclistas de la organización que iban cerrando carrera. Fueron mis ángeles de la guardia ya que, con su ayuda, pude meter la cubierta y reemprender la marcha. Muchas gracias, os debo el haber podido continuar en carrera.

Eso sí, iba ultimísimo, a varios minutos del penúltimo y, para colmo, me despisté en un cruce antes de llegar a la carretera de Cabezudos. Los que cerraban carrera me dicen que continúe por carretera hasta retomar el camino pero yo, cabezón, me di la vuelta para hacer el recorrido correcto.

A partir de entonces, ritmo de trotón y a tratar de recuperar puestos. Casi 10 km hice en solitario hasta que empecé a rebasar a algunos rezagados. Una relativa ventaja fue que los tramos de senderos hacia el Rocío los hice bastante sólo, sin verme muy bloqueado. Además, la gente me cedía el paso con amabilidad aunque para adelantar me tuve que tirar al monte en más de una ocasión.





Así seguía, de adelantamiento en adelantamiento y pensando para mis adentros cuándo empezaría a rebasar a gente que no fuese vestida del Decathlón ¡Si hasta adelanté a uno que llevaba una bici con transportín!

En fin, poco más puedo contar de la carrera, salvo que llegué con las lámparas de los intermitentes fundidas de tanto adelantamiento y que tuve que hacer la segunda zona de senderos saliéndome continuamente de la trazada para poder progresar. Las sensaciones eran buenas, dejando atrás a todo el que me iba encontrando sin un excesivo esfuerzo, pero claro, yendo en esa zona del pelotón esto puede ser engañoso.

Llego hasta meta tratando de exprimirme al máximo y allí me encuentro a los compañeros Benito, Antonio, Jabiker y Paco esperando al que en esta ocasión ha sido “el último mono”. Por cierto, Paco se comió una buena galleta que le provocó un corte en la nariz y un buen golpe en la rodilla. Tuvo que ir al Centro de Salud, espero que no fuese nada importante, amiguete.

En fin, a pesar de estas tribulaciones he de decir me siento muy contento de haber vuelto a meterme en un fregado de estos. Hace un año, la mayor actividad física que podía desarrollar era andar del sofá a la cama sujetándome en las paredes y no daba un duro por poder volver a montar en una bici ni para dar un paseo y ayer me pegué 80 km de BTT a un ritmo decente ¿Qué más puedo pedir?

Bueno, nos vemos en la próxima, que para mí será Aljaraque o Cartaya (a Bollullos no puedo ir, me pilla de viaje).


P.D.: por favor, que nadie se me ofenda por lo de la ropa del Decathlón, sólo es un comentario chorra y yo también utilizo alguna que otra de sus prendas.  

domingo, 14 de junio de 2015

PUESTA AL DÍA

Tiempo hace que no coincide que encuentre un ratito para escribir, que tenga ganas de hacerlo y que se me ocurra algo sobre lo que cascar, pero no quiero dejar de poneros al día (aunque muchos ya estáis al tanto) sobre los últimos acontecimientos que han irrumpido en mi existencia y que han condicionado, al menos temporalmente, mi relación con el hilo argumental de este “blog”: la bicicleta.

Supongo que será cosa de la edad, de la falta de mantenimiento o de que la máquina no es que sea un “rols rois”, precisamente, pero la cuestión es que mi mecánica ha empezado a dar algunos fallos. Cosas de electrónica (de chapa y motor sigo estupendo): un cable se deber de haber pelado y ha empezado a chisporrotear por la zona del ordenador de a bordo, dando como resultado una merma en el sentido del equilibrio.




La cosa empezó con unos vértigos agudos (de caerme al suelo, vamos) y fue evolucionando muy poco a poco, empezando por poder a andar por la calle con dificultad, pasando por correr por el campo con bastante normalidad y acabando en un estado de “acarajotamiento” constante (sí, más de lo normal) y sensación de desequilibrio al hacer determinados movimientos.


Tras notar una primera mejoría y reincorporarme al curro, traté de subirme en la bici, con un resultado nefasto: imposible pedalear más de unos cuantos metros. En cuanto tenía que hacer el más mínimo movimiento con la cabeza, perdía el equilibrio y me iba al suelo si no andaba listo al poner los pies. Me sentía igual que cuando, hace una pila de años, mi padre se mataba a correr detrás de mí para que no me partiese la crisma mientras daba mis primeras pedaladas vacilantes por El Real de Calañas: era como si nunca hubiese sabido montar en bici.



Tras algún diagnóstico médico poco afortunado, la solución al problema pasaba por hacer una serie de ejercicios de rehabilitación con los cuales el cerebro debía acostumbrarse a trabajar en las nuevas condiciones, con la información que actualmente recibe. Con ello, la recuperación podía ser más o menos completa, pero en todo momento me dejaron claro que lo de volver a montar en bici no era nada seguro, dependería de cómo respondiese mi pelota a los ejercicios.

Eso sí, me decían que no tendría problemas para hacer “vida  normal”. “Vida normal”… ¿pero qué es “vida normal”? Para mí, hacer “vida normal” durante mucho tiempo ha sido almorzar vestido de ciclista, estar pedaleando al poco rato con las lentejas en la boca, echar el bofe tratando de seguir la rueda de Domi por el enduro y soplarme después tres tercios fresquitos con El Churrero, por lo bien que lo hemos hecho. Esa “vida normal” sí que la veía peligrar.

Total, que me puse con lo de la rehabilitación. Los ejercicios… pues no penséis que la cosa va de levantar pesas, hacer flexiones ni matarse a abdominales. Más bien se trata de cosas de octogenario reumático: darle vueltas a una silla, mover la cabeza con gestos de afirmación y negación, tirar una pelotita y recogerla… en fin, acción trepidante como veis.



Pero me puse a ello con todas mis fuerzas (bueno, fuerzas, fuerzas, no es que hagan falta muchas) y la mayor de las disciplinas, aunque la evolución que notaba era mínima o inexistente. Durante mucho tiempo me seguía sintiendo absolutamente incapaz ni siquiera de hacer el intento de subirme a una bici. Supongo algo de secuelas había pero que en gran medida se debía al miedo a frustrarme ante un nuevo intento fallido.

El punto de inflexión fue el día de la Huelva Extrema. Tras una jornada viviendo la prueba como espectador y “con el moco caído” por no poder estar metido en el fregado, unas cuantas cervezas me dieron el ánimo suficiente para agarrar la bicicleta del amiguete “Jose Cadi”, que acababa de llegar a meta y subirme a ella cual jinete de rodeo, con el ánimo de no morder el polvo a las primeras de cambio. Eso sí, probé en blandito, en la zona de césped, por las dudas. Y la cosa no fue mal del todo: aunque me notaba inseguro, fui capaz de dar unas vueltas sin que el suelo se me subiese al hombro.

Con el ánimo por todo lo alto, el siguiente fin de semana hice una nueva prueba con resultados bastante satisfactorios. Con algunas limitaciones en determinados gestos (sobre todo al mirar hacia atrás) podía montar con relativa normalidad. Tras algo más de tres meses sin rascar pedal no os imagináis la felicidad que experimenté dando una vueltecita por los pinos, después de haber llegado a pensar que jamás volvería a poner el culo en un sillín.  

Tras ello he ido dando pasitos hacia la normalidad, llegando a salir sin problemas con el grupo de las tardes a ritmos aceptables y por todo tipo de terrenos y volviendo a utilizar mi “chiquenina” (la plegable) para los desplazamientos por ciudad.

En todo este camino ha habido momentos de incertidumbre, de miedos (a ratos, mucho miedo) y de pasarlo mal (a veces, muy mal) en los que siempre he contado con la mejor de las compañías a mi lado. En todo momento me ha apoyado, ha tratado de animarme y me ha impulsado a no rendirme.  Y la cosa tiene especial mérito dado el asquito (en parte justificado) que le tiene cogido a “la otra” (la bici). Gracias y sabes que te quiero.

Gracias también a todos los amiguetes que os habéis interesado por mi estado y que me habéis transmitido vuestros ánimos. Ya os lo pagaré con relevos largos y a buen ritmo.

Ahora, pues a tratar de volver a la normalidad. Tenía la intención de meterme en el fregado de Almonaster, aunque fuese totalmente fuera de forma. Se trataba de intentar disfrutar (o sufrir lo menos posible) y llevar la bicicleta hasta la mezquita, sin mayores pretensiones. Pero se ve que esto de las goteras va en serio: un resfriado galopante me ha dejado de nuevo en el dique seco, impidiéndome acudir al maratón y dejándome con el pellizco en el alma de haber faltado a mi cita anual con el San Cristóbal. En fin, el año que viene será.



miércoles, 21 de enero de 2015

...ACCIÓN


Sigo con esto de los videos, ahora con un “tráiler” de mi próximo trabajo.


Si eres de los que disfrutaste con el video de la bajada con Domi, no te pierdas ahora su segunda parte. No podrás despegar el culo del asiento, mantendrás los ojos abiertos como platos soperos.

De los autores de “El Caminito de la Risa”, próximamente en sus pantallas, una delirante producción que no dejará a nadie indiferente. Emoción, vértigo, acción, ritmo trepidante.

A su lado “La Jungla de Cristal” o “En Busca del Arca Perdida” te parecerán comedia romántica.

Si eres de los que no soporta sensaciones fuertes, te recomiendo que te abstengas de verlo. Para los demás, al menos os deberíais tomar una tilita… o valeriana, casi que mejor.

A disfrutar de la acción al límite con… “La Curva”, con el “cameo” de Kike.






¡Y todas las escenas de riesgo han sido rodadas sin trampa ni cartón por los propios actores, sin utilizar dobles de acción, ni nada!  


miércoles, 14 de enero de 2015

LUCES, CÁMARAS Y...

Retomo esto del "blog" con nuevos formatos, que hay que reinventarse. Es lo que tenemos los artistas multidisciplinares. 

Pues "resurta deque" me han echado los reyes una camarita de esas para hacer vídeos de acción y el otro día anduve probándola en la bici, a ver qué tal. He andado enredando con el tema de editar y mejorar, subir al "yutú" y tal y cual, y esto es lo que me ha salido.

Sé que no me van a nominar a ningún Óscar y que ha quedado más bien tirando a una mierda, pero también Almodóvar empezó con aquel engendro de "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" y ahora, ya veis adonde ha llegado... a hacer las mismas bazofias pero con el reconocimiento del personal.


Aquí el primero, bajando el "Caminito de la Risa" tratando de no perder de vista el culo del "prota", el amiguete Domi. Las pasé pelín putas, pero cerrando un poco los ojos en los escalones conseguí que no se me escapase demasiado. Disculpad los destellos del sol, vibraciones y demás defectos pero de momento no doy para más como operador de cámara.



No sé por qué no puedo enlazar este vídeo de otra forma. Me da en la nariz que es por algo relacionado con la música utilizada. Igual arruino a los AC/DC o a los Pink Floid por meter un cachito de sus coplas.


El segundo relata las andanzas de un caballero de triste figura, brillantemente interpretado por Chinaski, durante una salida por terrenos de La Corcha. Quiero agradecer la inestimable y desinteresada colaboración de Jabiker, a las risas.






Disculpad la errata: evidentemente las botas del Chinaski no son “hermáticas” (ni hermenéuticas) sino herméticas. Pero lo de corregirlo va a ser que no, que supone un rato laaaargo editar y subir de nuevo al “yutú”.



miércoles, 18 de junio de 2014

BANDERITA, TÚ ERES ROJA...

Partamos de la base de que a servidor, eso de las banderas, le pone muy, pero que muy poquito. Bueno… casi todas…



Pero al margen de esta consideración, tengo que hacer una confesión, necesito soltarlo, me está quemando por dentro: ¡empiezo a estar hasta los mismísimos cojones de la banderita roja, amarilla y lila! ¡Ea, ya lo he dicho!

¿Pero éste no decía que era republicano? se preguntará alguno que me conozca. Pues no os quepa la menor duda: no concibo cómo, usando el raciocinio, se puede ser otra cosa. No entiendo qué esquemas mentales pueden llevar a alguien a considerase, por nacimiento, superior al resto de sus paisanos. Y menos aún entiendo a quien asume que, por nacimiento, alguien es superior a él. A estas alturas de la película.

Pero la cuestión es otra. Me da la impresión de que en este país, cuando se afirma de alguien o de algo que es republicano se da por sentada su relación con la izquierda política.

Republicano = rojo en la Guerra Civil = aquel que luchó contra Franco = de izquierdas.

Tengo la percepción de que los que en estos días enarbolan la bandera tricolor no están abogando por la instauración de una forma de estado más racional que la monarquía, en la que la soberanía resida en eso que se da en llamar “El Pueblo”. Más bien parece pretenderse una restauración, específicamente, de la Segunda República y siempre con la presunción de que estaría bajo el liderazgo de la izquierda.

Hay que tener en cuenta que la Segunda República, avanzada para sus tiempos en muchas cuestiones, sería hoy una venerable octogenaria, llena de achaques y que, durante ella, hubo un periodo de gobierno de derechas.

Aunque meramente anecdótico, resultó muy ilustrativo comprobar hace unos días cómo, en el programa del “Guayomin”, a la pregunta formulada a ciudadanos que se consideraban republicanos sobre si preferirían una monarquía con Felipe VI como rey o una república presidida por José Mª Aznar, muchos de ellos eligieron la primera de las opciones. Es evidente que no han entendido de qué va la película. Estamos mezclando “meras con churrinas”. Se trata de optar por una forma de estado, de decidir quién es aquí el que manda, si una familia descendiente de gabachos que se pasa las llaves del cortijo de padres a hijos o todos y cada uno de nosotros decidiendo quién queremos que ostente en cada momento la representación del estado.
 
Tampoco alcanzo a explicarme la inquebrantable adhesión que profesa la mayoría de las gentes de la derecha de este país hacia la institución monárquica. Ni eso ha sido siempre así históricamente ni me da la impresión (puede que errónea) de que suceda lo mismo en otros lugares de este mundo.

Pienso que no estaremos en condiciones de acceder a una forma de estado republicana estable hasta que las gentes de izquierda no rompan esa identificación entre república e izquierdas o hasta que deje de resultar raro oír a alguien afirmar: “soy de derechas y republicano”.

En cuanto a la bandera, pues eso, que me la trae al pairo ¿La rojigualda? ¿Por qué no? Aunque... ahora que lo pienso, si a la tricolor le añadimos otros tres colores, igual conseguimos ganar de una puta vez EUROVISIÓN.  






martes, 10 de junio de 2014

¡QUÉ DURO HA SIDO EL CAMINO!

Y llegó Santa Ana, último maratón del provincial BTT antes del parón veraniego.

Importante madrugón el del domingo para llegar a buena hora y sin apreturas para, al final, enterarme de que la salida sería media hora más tarde de lo que yo pensaba. Llegué el primero a la mesa de entrega de dorsales, cosa que ya me sucedió en Santa Ana hace un par de años. Se preguntarán por allí quién será el taradito ese que se da tanta prisa para recoger el dorsal si luego no anda un pimiento.

Cuando estoy preparando las cosas me doy cuenta de que, con la caraja del madrugón, no había cogido herramientas, ni cámara. Pues mire usted que bien ¡como el recorrido no tiene pedruscos! Al menos, mi compañero Ernesto me proporciona una cámara. Gracias, amiguete.

Bien tempranito me meto en el cajón y a partir de ahí, no sé si por la falta de sueño, el solecito en la cabeza… se me empiezan a nublar las entendederas. A mi alrededor veo a multitud de gente ataviada con trajes de flamenca de los más variados colores y otros vestidos de corto, junto a sus caballos metálicos y tocados con cascos de ala ancha.



Suenan cohetes y la comitiva se pone en marcha. Bonito espectáculo con las luces del alba realzando el colorido de la caravana que se dispone a afrontar un duro camino para alcanzar el destino tan anhelado tras un año de espera.

No sé si sería por cosas del sorteo del número del carro o porque mi caballo llevaba un paso cortito, pero la cuestión es que me encontraba en una zona bastante trasera de la comitiva y sin muchas ganas de cantar sevillanas.

El mal estado de los caminos me obligaba a descabalgar a menudo de mi montura y a llevarla de reata. En otras zonas, en cambio, daba gusto galopar junto al curso de unas riveras espectaculares, disfrutando de esas inolvidables vivencias que depara el camino. Porque, ¡decidme si no es una inolvidable vivencia quitarle las pegatinas al amiguete Benito en un zona técnica en bajada!

Voy hidratándome convenientemente, con rebujito en un bote y una palomita de isotónico en el otro, a la vez que me alimento con barritas de jamón de pata negra y geles de gamba blanca de Huelva. Hay que evitar los desfallecimientos, que luego la resaca es “mu” mala.



Tras las zonas de senderos, el paisaje se abre entre dehesas. Parece que el caballo se siente más a gusto en ese entorno y empieza a acelerar el paso, poniéndose en un trotecillo ligerito e incluso, por momentos, soltando algún galope tendido. Por allí veo a algún peregrino con la cara de un mono en la medalla, un compañero de mi hermandad que había tenido sus más y sus menos con un estribo y se vio en el suelo al no poder sacar el boto a tiempo.

Al vadear “el charco”, veo una de esas estampas emotivas que se quedan grabadas a fuego en la retina: el Pomares vestido de gitana recibiendo su bautizo rociero (1).

Ya queda menos, un último esfuerzo y todo un año de espera habrá tenido sentido. Las emociones se agolpan en el corazón del peregrino cuando siente la proximidad de la ermita.

Pero… ¿quién coño ha puesto la ermita allí, “en toloarto”? ¿Otros años no se llegaba por unos llanos, con arena y entre pinares? Habrán cambiado el camino, por culpa de los putos linces. La mierda del gatito ese, que no hace más que tirar el dinero público y no aprende ni a mirar a los lados al cruzar las carreteras.

Pero nada iba a quebrantar la fe de este peregrino. Al ritmo que buenamente podía el caballo, poco a poco pero sin descabalgar en ningún momento, fui recorriendo los kilómetros, los metros, los pasos que me separaban de ella, hasta que apareció entre el gentío, esa visión incomparable reluciendo más que el sol: ¡la meta de los cojones! Creí que este año no llegaba.




No puedo asegurar que fuese exactamente así como sucedió todo. Lo mismo tengo la memoria un poco pastosa después  de haberme ido al Rocío ¡a ver a la SEÑORA! (2) sin haber podido descansar tras el maratón de Santa Ana.

  

Ahora, un poco más serio, quiero agradecer a los organizadores su trabajo para preparar un maratón entretenidísimo. Para mi gusto sobró algún tramo del primer bucle que obligaba a patear a todo el mundo. Eso sí, la zona del sendero de “Los Molinos”, tremendamente divertida y muy bonita.

Como defecto a mejorar, quizá faltó algo de señalización. Hubo gente que se perdió y yo, en un cruce, tuve muchas dudas sobre cuál era el camino correcto. Casi todo el trayecto estaba bien señalizado, pero había algún punto que provocaba dudas. Lo dicho, un pequeño detalle a mejorar en próximas ediciones de este gran maratón.



(1) Pomares ¿no querías que te sacase en la crónica? Pues ahora te jodes, sales vestido de gitana. Eso sí, lo de que estaba en la rivera, tan pancho, pegándose un baño es rigurosamente cierto.
   

(2) A mi señora, se entiende.




Hasta la próxima.